domingo, 8 de junio de 2014

Domingo 2. Destino: Luceni

Esta mañana me he acercado junto a Carlos de Lilla a la localidad de Luceni. A 40km de Zaragoza, Luceni tiene unos 1000 habitantes y goza de la, a veces demasiada, tranquilidad de un pueblo que mira en el tiempo a una industria azucarera ya desaparecida que los años no han sabido recuperar.

Este Domingo por Aragón tiene un sentido completamente distinto a lo anterior. Cuando Carlos me llamó para contarme la historia humana que hay detrás de Jesús Cabezas no dudamos un momento en acercarnos hasta su casa para, de alguna manera, poder divulgar su historia de lucha y superación.

A los 23 años, trabajando en la obra con su padre, Jesús sufrió un accidente que le dejó prácticamente tetrapléjico. Después de luchar contra el pronóstico de la muerte, después de luchar contra el pronóstico de la invalidez indefinida, Jesús trabajó durante años para volver a dar vida a unos brazos y unas piernas que muchos dieron por mudas para siempre.

Crecido en la escuela del "no podrás" Jesús hizo durante años, día tras día, miles de ejercicios de rehabilitación, consiguió un trabajo de administrativo en la fabrica azucarera y crió una familia ejemplar de la que ahora disfruta. No conforme con ello, con sus propias manos ha construido un autentico parque temático en su casa. Centenares de antigüedades visten sus paredes y miles de piezas componen los increíbles mosaicos con los que ha decorado todas y cada una de las esquinas de su casa. No sé si es un reflejo de su fe ciega en la vida pero es llamativa su devoción por nuestra Virgen del Pilar la cual está presente en muchas de sus obras.

Cualquiera que lo disfrute no creerá que un solo hombre ha podido hacer todo eso con sus manos pero, cuando conoces de cerca la historia de superación de alguien como el, descubres que, salvo la muerte, todo tiene solución. Por un momento te detienes a comparar y te das cuenta que muchas veces tu enfoque de los problemas es peor que los propios problemas. Que todo el tiempo que podemos dedicarle a castigarnos, condenarnos y sufrir por nuestros problemas otros los dedican a trabajar en solucionarlos y casos como el de Jesús son el mejor reflejo de que la vida es algo grande y todo depende.

Nos vamos de Luceni con el sentimiento de haber conocido a una de esas personas hechas de otra pasta, de aquellas que ante un problema no ven un muro que les detiene sino otro reto que superar. Que no entiende de lamentaciones sino de lucha y de los que viven en la filosofía de que "Imposible es todo aquello que no se intenta". No hemos podido pasar por alto la placa que en el jardín decía: "Espero que alguien disfrute de esta obra tanto como yo haciéndola" y no se me ocurre mejor epitafio para alguien que ha vivido para crecer cada día.

Agradecer a Jesús y su señora la hospitalidad incondicional y el aperitivo de esos que te hacen plantearte quedarte un ratico mas.

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